Ascender esta montaña fue algo extraño, por temas de permisos, logística y disponibilidad de recursos, escogimos desde Colombia el ascenso de la ruta normal. La primera parte, desde los 2.200msnm hasta los 3.470msnm se hace en teleférico. Ya en este punto tomamos las telesillas en las que subimos hasta 3.800msnm, donde se encontraban los refugios. Esta vía no requiere el montaje de campamentos, sino que pasamos las noches en una especie de barriles metálicos grandes, que tenían varias literas sobre las que nos acomodábamos dentro de nuestras bolsas de dormir, eran bastante fríos, nada que ver con el calor que se logra  mantener al interior de una buena carpa 4 estaciones. Todos extrañábamos caminar de manera libre por la montaña, armar nuestro campamento, cocinar en la naturaleza y estar en esa interacción limpia con el entorno, en la que no te encuentras refugios construidos, carros de nieve ni una multitud de personas. Pero así era este lado del Elbrús, en cada uno de nosotros estaba la decisión de disfrutar esta experiencia y aprender de ella, aun siendo tan distinta a nuestras previas aventuras de montaña, la vida siempre plantea distintos escenarios y el ser humano elige cómo asumirlos.

La aventura de caminar estaba por iniciar y aún nos faltaba ascender casi 2.000 metros de desnivel, los cuales haríamos en una sola jornada, esta vez sin telesillas o cualquier sistema que facilitara el acceso. Sólo nuestros pasos nos llevarían a la cumbre de Europa. Eran las 2am del 25 de agosto de 2003, la noche estaba totalmente despejada y no había viento. Salimos con crampones puestos a paso lento mientras cogíamos ritmo. Cuando alcanzamos las rocas que estaban a 4.300msnm, tomamos la decisión de progresar en dos grupos de acuerdo al paso de cada quien. El guía ruso Sergei Baranov, Carlos Camargo, Luis Camargo, Kathy Guzmán, Luis Felipe Ossa y yo, conformamos el grupo que iría adelante. El ascenso estuvo acompañado de una hermosa luna menguante, hacia las 5am las primeras luces del amanecer aparecieron y me hicieron recordar el primer ascenso que hice al Nevado del Tolima en Colombia. La pendiente se hizo más pronunciada y el viento nos empezó a golpear con fuerza, llegamos al collado que une la cumbre este con la oeste y de allí, avanzamos con fuerza cubriendo los 400metros de desnivel que nos separaban de la cima. No hubo muy buenas fotos arriba, porque el viento helado nos estaba congelando, pero logramos sostener nuestra pequeña bandera tricolor para capturar ese instante.

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